Este lugar de devoción religiosa fue erigido por orden del arzobispo de Braga Rodrigo de Moura Telles y tardó 60 años en ser una realidad, inaugurándose en 1783. Lo más espectacular del santuario son las numerosas escaleras zigzagueantes que llevan hasta la iglesia, dando al conjunto un aire de grandiosidad rodeado de una atmósfera espiritual.
El estilo de las escaleras es barroco y cada tramo posee una serie de fuentes relacionadas con distintos aspectos de Cristo. Las fuentes tienen un significado de pureza para el creyente. El ascenso implica esfuerzo, abnegación. Mientras los fieles se someten al sacrificio se purifican a través del agua y la recompensa final es alcanzar la cima, el templo de Dios.
Para los que no quieran someterse a este padecimiento, existe un funicular que sube hasta la iglesia. No obstante, lo interesante es subir la escalera a pie para apreciar con más detalle las obras de arte que la rodean. Hay bancos de piedra para sentarse, de modo que se puede descansar en cualquier momento. En mi opinión, lo recomendable es ver esta creación fruto del fervor cristiano, desde abajo y subir lentamente para no perderse ningún elemento artístico.

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